Salgo de la oficina hacia la calle con intención de tomar un poco el aire y, cuando voy por el pasillo, me doy cuenta de que camino mirando al suelo.
Generalmente siempre lo hago, no por verguenza sino costumbre,pero nunca me doy cuenta.
No lo hago por vergüenza, es, mas que nada, costumbre.
Recuerdo que mi abuela siempre me decía que no caminara con la cabeza baja, que mirara siempre alto para que se me viera la cara, asi que la hago caso y cambio el semplante.
En realidad me da la impresión de que parezco algo orgullosa, como si me fuera creyendo más que nadie. pero como por aquí todas las niñas oficinistas suelen ir mirando por encima del hombro no agacho la cabeza.
Ya en la calle me cruzo con un chico. Apenas me fijo en él, pero al cruzarnos él me dice: "Hasta luego, preciosa".
Me giro y le sonrío.
Estoy segura de que no sabe lo bien que me ha hecho sentir... a pesar de que esa frase para él no significara nada. Me alegró el día :)